La batalla de Darwin – Pradera de Ganso (Parte 5)

Estos efectivos avanzaban en columna sobre el camino, advertidos, tal vez, de la posible existencia de un campo minado. Mientras tanto, el Subteniente Gómez Centurión ordenó al 3er grupo, ocupar posiciones sobre el lado derecho del camino. Fue aquí cuando vi por última vez al Sarg García, quien al ser interrogado por mí acerca de donde se dirigía, con una sonrisa y el brazo levantado me contestó: “nos vemos Pachequito”. El sabía muy bien de la loable misión que estaba cumpliendo y de su férreo convencimiento de morir por la Patria. Creo, pues, que con ese gesto se estaba despidiendo de todos nosotros. La sección se reestructuró, para colocarse en forma oblicua al camino; bien oculta, a pesar de las pocas cubiertas que ofrecía el terreno, pero con las ventajas que otorgaban las condiciones climáticas, a partir de la baja visibilidad. En tanto, se esperaba que el enemigo estuviese al alcance de nuestras armas. Cuando se encontraban a unos 150 o 200 metros, el subteniente ordenó abrir el fuego. Los primeros ingleses que venían en la columna fueron sorprendidos y cayeron heridos o muertos. El resto de la columna tomo posiciones en el lugar. Se trataba de inducirlos a desplegar sobre el campo minado que estaba a ambos costados del camino, pero, a pesar del violento fuego que recibían, no hicieron lo que nosotros esperábamos. Al contrario, algunos se tiraban cuerpo a tierra en el camino, y otros, más temerarios, disparaban desde la posición de pie o rodilla a tierra. Así continuaron, abriendo fuego poco efectivo sobre nuestra fracción. Por un momento logramos frenarlos. Luego, pasado un tiempo que pareció una eternidad, el subteniente observó que unos soldados británicos levantaban los fusiles y agitaban los cascos, por lo cual ordenó suspender el fuego. Los hombres avanzaron hasta nuestras posiciones, y uno de ellos se apartó del resto para hablar con nuestro jefe de sección, quién también se adelantó, dispuesto a concederles el parlamento que pedían.

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A la derecha, el Tcnl Jones, jefe del PARA 2, muerto en combate en Pradera de Ganso

Pasado el combate posterior a ese parlamento, fue el propio subteniente quién me contó que como joven oficial, se sentía orgulloso de que un jefe inglés quisiera rendirsele, ya que se encontraba en una posición totalmente desfavorable. Sin embargo, eso fue lo que creyó en un principio. Cuando el oficial enemigo le preguntó si entendía inglés, y se dio a conocer como oficial inglés, le dijo que si entregaba el armamento, aseguraba la vida de todos los hombres de la sección. Al principio, no entendió muy bien el concepto, pero cuando reaccionó, le contestó que no hablaría más, y que después de 2 minutos volvería a abrir el fuego. Luego, cada cual volvió a sus posiciones. Nadie tiraba. Pero cuando faltaban pocos metros para que el Subteniente Gómez Centurión llegara hasta donde estaba la sección desplegada, una ametralladora comenzó a disparar desde unas elevaciones del lado izquierdo, que originariamente no habían sido ocupadas por el enemigo. Al darse vuelta y observar hacia el lugar de donde provenía el fuego, comprobó que el oficial inglés estaba en posición de tirar, por lo que disparamos observando como el citado oficial caía mortalmente herido sobre los alambres. Inmediatamente se inició un violento combate. La balanza parecía inclinarse, de repente, a su favor. Hasta unos momentos antes, eran ellos los que sostenían la peor situación; entonces, en esa nueva circunstancia, nos hacían fuego efectivo con ametralladoras, hecho que causaba, entre los nuestros, gran cantidad de bajas.

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Óleo británico conmemorativo de la muerte del Tcnl Jones

En tales momentos se pierde la noción del tiempo. Nos olvidamos, por lo tanto, de nuestras necesidades básicas. Se tenía la sensación de que todo transcurría en cámara lenta y no sentíamos, de inmediato, el miedo. La preocupación primordial era sobrevivir.

El Subt Gómez Centurión y el soldado José Ortega seguían tirando juntos, contra los paracaidistas británicos. En un momento, el subteniente se corrió hasta la MAG que accionada por un soldado del RI 12 agregado a la sección, no disparaba por encontrarse trabada. Luego de ponerla otra vez en funcionamiento, y después de decirle al apuntador hacia donde debía tirar, regresó arrastrándose a su posición, encontrándose con que el soldado Ortega había muerto por un disparo en la cabeza.

El Sarg García, junto con los soldados Ricardo Austin y José Allende, fueron destacados para aproximarse a las ametralladoras inglesas, e intentar silenciarlas con fuego automático de la MAG. Para ello debían cruzar el alambrado que delimitaba el camino a ambos costados. Fue aquí cuando los descubrieron, mientras eran batidos certeramente con fuego de ametralladoras. Los 2 soldados murieron en el acto. El sargento, herido, quiso cruzar el alambrado, pero los ingleses nuevamente dispararon sobre él. En ese mismo momento, pasó a la inmortalidad. Unos pocos segundos y su vida quedó tronchada.

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Personal del PARA 2 durante los preparativos al ataque sobre Darwin – Pradera de Ganso

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Personal del PARA 2 luego de los combates.

Cerca de la pista del aeródromo, el Cabo Oviedo, con intenso fuego, trató llamar la atención del enemigo, para permitir que el resto de los soldados obtuvieran una mejor cubierta. Pero fue un caos. El combate se volvió sangriento. Cayeron soldados propios y enemigos, se escucharon gritos, órdenes, explosiones. El volumen de fuego inglés era infernal. Todos trataban de buscar la mejor cubierta, de aferrarse a algo. Cualquier cosa era válida para preservar la vida, para seguir peleando; aún unos cajones vacíos de munición. Oviedo los vio y se dirigió hacia allí, disparando, parapetado cuerpo a tierra detrás de ellos. Pero un disparo alcanzó su cuerpo y quedó encogido sobre sí mismo. Murió pocos minutos después. Se fue como el quería: luchando de frente. Ganó sin duda, la mejor de las muertes para un soldado. Cerca de él, abatido por otros disparos, también había muerto uno de los soldados de su grupo, el soldado Ramón Cabrera.

A pesar de tanto derroche de heroísmo, la posición se hizo insostenible. El subteniente debió ordenar el repliegue hasta las posiciones iniciales. Comenzó el movimiento de la fracción, cuando el jefe de sección se dio cuenta de que el Cabo Fernández caía herido. Inmediatamente, junto con un soldado, concurrió hasta allí para tratar de evacuarlo, ordenando al resto de la sección que se replegara. El suboficial herido era un peso muerto. Lo arrastraban en una forma muy lenta y eso podía ocasionar mayores pérdidas para el resto del personal que los cubría por el fuego. Por ello, el subteniente optó por dejarlo en un lugar, a cubierto, no sin antes prometerle que volvería a buscarlo. Entonces sí, toda la sección se replegó reunida, algunos llevando a los que estaban heridos, y el resto, cubriéndolos.

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Panorama del sector de Darwin durante los combates, al fondo la escuela en llamas.

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Pozo de zorro argentino en la zona de Darwin, en su interior un héroe argentino apuntador de FAP yace muerto.

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Cadáver argentino es arrastrado por un soldado británico y un soldado argentino

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Suboficial argentino es atendido en el puesto socorro británico en Darwin

En un momento dado, mi grupo quedó entre 2 fuegos. El enemigo seguía tirando sobre nuestras posiciones; detrás de la mía, se hallaba el personal del RI 12 que contestaba con ímpetu, sin percatarse, quizás, de que nosotros estábamos ahí. A casi no podíamos sacar nuestras cabezas; solamente lo hacíamos en alguna breve pausa del fuego. En una de ellas divisé que, por la playa, un par de hombres venían a la carrera, agitando los brazos y gritando que eran propia tropa. Resultaron ser el Cabo René Rosales y un soldado de la sección BOTE quienes habían quedado como enlace en la escuela. Después de perder contacto con el resto de sus compañeros, sin saber la suerte que habían corrido todos ellos, se quedaron en ese lugar hasta que pudieron salir sin ser descubiertos por los ingleses.

Cuando el resto de la sección llegó a la altura en donde se encontraba mi grupo (ya el enemigo no tiraba sobre nosotros), el subteniente me buscó y dijo que García, Oviedo y algunos soldados habían muerto. En la voz, se le notaba mucha rabia y singular congoja. Sé que lamentó mucho la muerte del encargado de sección, ya que en esos días se habían hecho muy amigos, hasta el extremo que, en algunas ocasiones, dejaban de lado el formalismo y se permitían el tuteo. Por mi parte, la única reacción que tuve fue la de maldecir y pegar un cachetazo en el fusil, cuando la violenta realidad de la pérdida de un amigo y cualquiera haya sido la circunstancia, creo que sabrá comprender lo que ello significa y el dolor que produce.

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Imagen del campo de combate

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Zona helipuerto británica al norte de Darwin

En la sección, se habían producido muchas bajas, por lo que tuve que hacerme cargo de la reunión del resto de los soldados, y sacar novedades del personal y material, mientras el subteniente se encargaba de evacuar a los heridos para que recibieran la atención médica adecuada. Entre muertos y heridos, el 50% de la sección había quedado fuera de combate.

Los disparos se hacían cada vez más esporádicos. La sección ya no tiraba, para ahorrar munición. Además, desde donde estábamos ya casi no teníamos campo de tiro.

Cuando el subteniente regresó, pidió voluntarios para buscar al Cabo Fernández. Me ofrecí, pero él se negó aduciendo que yo era el único jefe de grupo que le quedaba con vida. Por lo tanto, me tenía que hacer cargo de la sección durante su ausencia. Esperó que anocheciera, y junto con los soldados José Aguerrebengoa y José Carobbio, estuvieron buscando al Cabo Fernández por espacio de una hora. La noche era cerrada. Cuando al fin lo encontraron, el Cabo se alegró muchísimo. Estaba casi inconsciente por la pérdida de sangre pero comentó que, un rato antes, una patrulla inglesa había pasado por ahí y él había fingido estar muerto. Realmente estaba malherido porque al intentar moverlo gritaba a causa del dolor. A duras penas, llegaron hasta el puesto socorro. El Cabo se salvó, pero perdió 2 dedos y hubo que aplicarle un clavo a la altura de la cadera.

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Soldado británico en Darwin

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Imagen del campo de combate en Darwin

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Realmente era una noche muy oscura. Comenzó a lloviznar y hacía mucho frío. Ya casi no se escuchaban disparos, solo se oían los rotores de los helicópteros ingleses, quienes, aparentemente, acercaban refuerzos, material y municiones. Uno de ellos se acercó demasiado hasta nuestras posiciones, pero un nutrido fuego de armas automáticas lo obligó a retirarse. En esos momentos comencé a tener conciencia de lo que había vivido. Pensaba en mi compañero y no podía creer que hubiera muerto. Sin darme cuenta empecé a rezar. Luego lloré, exteriorizando todas mis emociones largamente contenidas. No me avergüenzo de ello, pues creo que es de hombres llorar. Lloré dando gracias por seguir vivo, lloré con dolor por todos aquellos que habían muerto en el cumplimiento del deber, lloré desconcertado, preguntándome el por qué de tanto sufrimiento y tanta guerra, del sacrificio de tantas vidas, de si todo ello valdría la pena. Ya casi no sentía frío. El frío se había hecho carne en mí. Ahora tenía la inmensa responsabilidad de cuidar del resto de los soldados que habían quedado en la sección. Con alguno de ellos repartimos mantas a todo el personal, para poder dormir más calientes y secos en nuestras posiciones. Era como un merecido premio a tanto esfuerzo. Establecimos un primer turno de guardia para la noche, con el 50% del personal, mientras que el resto descansaría. A mitad de la noche, rotamos. Ya teníamos la orden de esperar hasta el día siguiente. Por lo tanto, hubo un cese momentáneo del fuego. Ya presentíamos que la rendición era inminente y que nada más podíamos hacer.

 Relato del Suboficial Principal VGM Jorge Alberto Pacheco

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Con el alto al fuego, los británicos ocupan posiciones, el rostro muestras el cansancio por lo vivido

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Paracaidistas británicos transportan el cadáver de su jefe, el Tcnl Jones, luego del combate.

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El Subteniente Gómez Centurión en la actualidad.

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4 respuestas a La batalla de Darwin – Pradera de Ganso (Parte 5)

  1. adrian lopez dijo:

    impecable , eduardo como todo el material que pones , te felicito gracias por el aporte

  2. alberto mato dijo:

    gracias por defender mi patria…

  3. Eduardo Morosini dijo:

    ¡Viva la Patria, carajo!

    • CARLOS ALBERTO CHANAMPA dijo:

      ABRAZO A MIS HERMANOS DE LA GUERRA DEL R I 25
      CARLOS ALBERTO CHANAMPA JEFE DE LA BATERIA DE TIRO A
      APOYO DE FUEGO EN EL COMBATE DE PRADERA DELGANSO

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